Pulp Fiction: la expresión máxima del Tarantinismo

Pulp Fiction: la expresión máxima del Tarantinismo

La mejor película de 1994. Para algunos, la mejor película de los 90´. Pero para otros, la mejor película de la historia, en especial para aquellos amantes del cine de Quentin Tarantino. A continuación, todo sobre ‘Pulp Fiction’, una película de culto.

El film, que costó cerca de 9 millones de dólares (poquísimo presupuesto para la época) y recaudó 214 millones, ha marcado un antes y un después. La ganadora del Oscar a mejor guión original y mejor película de 1994, ganadora del globo de oro y la palma de oro del festival de Cannes del mismo año, es la expresión culmine del estilo Tarantino.

Pulp Fiction, como su nombre indica, es una historia basada en los relatos pulp (de corte criminal, a rasgos generales), propios de magazines y revistas en los cuales aparecían tramas similares a las descritas en esta película, con un alto grado de sordidez y violencia. Originalmente, Tarantino pretendía rendir homenaje al cine de Mario Bava y a su película Las Tres Caras del Miedo («I tre volti della paura», 1963) relatando una trilogía de historias contenidas en una única película, pero inspiradas en historias de la revista Black Mask. Después de muchas vueltas y re-redacciones con el co-guionista Roger Avary (con quien ya realizó la anterior película «Reserve Dogs» y a quien conocemos por los guiones de Silent Hill y Beowulf), finalmente surgió la película que conocemos y se desarrolla en unos Los Ángeles con cierto aire retro.

Leamos la sinopsis: Esta película policiaca que se enreda en el tiempo, nos lleva a conocer a Jules (Samuel L. Jackson – ‘Jackie Brown’) y Vincent Vega (John Travolta – ‘Grease’), dos asesinos a sueldo bajo las órdenes del temido Marsellus Wallace (Ving Rhames – ‘Amanecer de los muertos’). Cuando éste les encarga la misión de recuperar su misterioso maletín, comienzan los problemas. No solo porque los criminales son polos opuestos, sino porque, además, Marsellus le encarga a Vincent que cuide de su novia Mia Jones-Wallace (Uma Thurman – ‘Kill Bill’), algo con lo que su inseparable compañero no está de acuerdo. Además, como historias de fondo, se cuenta la huída de Butch Coolidge (Bruce Willis – ‘Jungla de Cristal’), un boxeador que pretende estafar a Wallace, con el que ha acordado un combate amañado; y la historia de dos criminales, Pumpkin/Ringo (Tim Roth, ‘Reservoir Dogs’) y Honey Bunny/Yolanda (Amanda Plummer – ‘Mi vida sin mí’) que, por su lamentable situación laboral, deciden atracar un establecimiento.

El nacimiento físico de la obra se dio gracias a un contrato de novecientos mil dólares que Tarantino consiguió con TriStar, para escribir el guión de su nuevo trabajo. Para esto, se marchó a Amsterdam, donde se recluyó durante varias largas semanas con la finalidad de volcar todos sus esfuerzos en el guión de Pulp Fiction. Escribiendo en un mugriento apartamento con su vieja máquina de escribir, encontró su inspiración para desesperación de su manager.

En estas condiciones fue que nació esta película transgresora, de la cual hoy escribimos y escribimos a raudales. Aunque si bien es cierto que el primer borrador de su historia tenía 500 páginas y tras un primer vistazo de los ejecutivos de TriStar, el guión fue rechazado porque “no parecía una película de su estilo”. Curiosamente los distribuidores de ‘Reservoir Dogs’, los hermanos Weinstein, no dudaron que Pulp Fiction sería un éxito y Miramax se hizo cargo de la producción definitiva.

Antes de pasar a la crítica dura y pareja veamos el tráiler de la obra en cuestión:

Sus detractores más incisivos la acusaban de ser una apología de la violencia gratuíta, una oda al mal gusto, y a buscar la provocación del público para paliar sus deficiencias como película. Pero Quentin Tarantino sorprendió al público proponiendo una historia no lineal. Esto es, los relatos que componen la película son fragmentos de una historia común, pero su orden de visionado está mezclado, como si las distintas secuencias de la trama se mezclaran entre sí. Para el público de hoy esto no es una novedad, ya que aún tenemos Pulp Fiction muy fresca, pero en los noventa fue la recuperación de una propuesta experimental de directores independientes, que Tarantino conocía y que en Hollywood no eran especialmente populares.

La película toca temas propios del cine negro — el boxeador corrupto, los matones de segunda, las traiciones dentro de la pandilla — que bien podrían haber quedado en clichés si no fuera por los diálogos inteligentes y transgresores que dispara Tarantino en el guión. Adaptados a los 90, los inunda de referencias pop, enormes discursos analíticos sobre cosas triviales, y frases memorables que sirven para darle vida a los personajes. El discurso de Vega sobre las hamburguesas en Europa es todo un clásico, el recitado de Jules sobre Ezequiel antes del tiroteo o las discusiones sobre los masajes en los pies son delirantes.

Precisamente, lo que más sigue seduciendo de Pulp Fiction es su intertextualidad, término genérico menos concreto que hipertextualidad, pero quizá más adecuado para Tarantino, aunque donde realmente reside el interés es en los hipotextos (textos más pequeños que dependen o conforman el texto mayor o hipertexto). El realizador y guionista revolucionó el lenguaje cinematográfico convirtiendo tres historias, en apariencia independientes, en una sola y viceversa. Demostrando una desbordante conciencia meta-lingüística, convirtiendo en objeto al lenguaje, en definidor y definición a la vez; desarrollando un estilo propio en constante reflexión sobre la naturaleza del elemento básico de comunicación y transmisión de conocimiento y su uso, que superan cualquier barrera reducida simbólicamente en lo que conocemos como un idioma. Durante toda la película, Tarantino juega con los convencionalismos genéricos, vertebrando un rompecabezas para irlo desconstruyendo a medida que avanza el film. Juega con su propia película, no con atisbo alguno de realidad, que en ningún momento pretende reflejar.

Gran dominador del tiempo, de la acción, de los diálogos, de la construcción de personajes, Tarantino extrae con suma inspiración un puñado de escenas inolvidables (el baile, el monólogo de Walken, la adrenalina inyectada…). Muchas de ellas quedan impregnadas en la memoria del espectador sin un afán moralizador, sin querer impregnar un mensaje en su cine. Tan sólo entretener, divertir y ofrecer un espectáculo de fuegos artificiales sublime a base de un guión sólido.

Disfrutemos una de esas escenas memorables, la de la inyección de adrenalina:

Para cerrar esta brevísima nota sobre Pulp Fiction (teniendo en cuenta la magnitud cinematográfica de esta obra) consideremos y disfrutemos de algunos datos extras y de color.

El primero, es para el discurso bíblica que Jules Winnfield suelta antes de matar a sus víctimas. Un discurso que, todo sea dicho, no se encuentra en el libro sagrado: si buscas el versículo 17 del capítulo 25 del Libro de Ezequiel, ves que el texto se limita a señalar: “Y haré en ellos grandes venganzas con reprensiones de ira; y sabrán que yo soy Jehová, cuando diere mi venganza en ellos”. Lo del camino del hombre recto y la tiranía de los hombres malos fue extraído por Tarantino del guión de ‘Karate Kiba’, un filme de artes marciales fechado en 1976 y protagonizado por su admirado Sonny Chiba (el futuro Hattori Hanzo de Kill Bill). Según reconoce el cineasta, ni siquiera se molestó en comprobar si el original bíblico se correspondía con el texto de la cita.

En segundo lugar, enumerar todos los guiños que contiene ‘Pulp Fiction’ nos llevaría mucho tiempo, pero dejemos constancia de que el cineasta aprovechó para colar referencias a sus películas favoritas prácticamente en cada escena, y que dicha tendencia llega a su máxima expresión en la siguiente escena:

Cuando Bruce Willis busca un arma adecuada en la casa de empeños de Zed: el martillo corresponde a ‘The Toolbox Murders’ (1978), el bate de béisbol a ‘Los Intocables’ (Brian DePalma, 1987), la sierra eléctrica a ‘La matanza de Texas’ y, finalmente, la katana a una larguísima lista de filmes japoneses de artes marciales, en la que (siendo Quentin como es) seguramente figurarán ‘Los siete samuráis y Shogun Assassin’.

Por último, y para cerrar a pura música, cabe mencionar la banda sonora que Tarantino conformó a lo largo del film, conformando hasta el día de hoy un Soundtrack de culto para todos los cineastas. Disfrutemos, junto a la resurrección que Quentin logró de John Travolta (devenido a menos hasta ese año).

Tarantino supo exprimir su peculiar universo cultural, sus experiencias y su enorme talento para el diálogo en un guión que quería romper con los moldes. Tanto en la narrativa, en la que mostraba una nueva forma de mostrar una historia violenta y de gángsters (pero con apenas cinco minutos de violencia explícita en todo el metraje), como a la hora de aglutinar referencias, dotarlas de su personal visión y mostrarlas de un modo del todo fascinante, brillante y con un dominio de la narración inesperado. Aunque mucho de ‘Pulp Fiction’ se asoma en ‘Reservoir Dogs’, aquí Tarantino prescinde de la atmósfera claustrofóbica para presentarnos una historia fragmentada, pero hilada con unos diálogos sobresalientes, que hacen avanzar la historia a un ritmo trepidante.

Damián Lencina

d.lencina@magoyaproducciones.com

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